miércoles, 20 de mayo de 2009

Iguales, pero diferentes

A lo largo de toda la Historia, se ha considerado siempre a la mujer como a un ser sustancialmente inferior al hombre, por lo que las funciones de éstas consistían, en la mayor parte de los casos, en hacer la comida, mantener limpia la casa y cuidar de los hijos, que, por cierto, no solían ser de un número reducido. Y, mientras ella tenía una vida limitada al ámbito privado, el hombre se orientaba hacia un campo más abierto y social, pues él era el que trabajaba, sustentaba económicamente a la familia, votaba en las elecciones y podía acceder a la cultura. Consecuentemente, contamos con una casi totalidad de hombres en la lista de los grandes genios de nuestra cultura, ya sean filósofos, escritores, físicos, músicos o pintores.

Pero, ¿qué es lo que ocurre actualmente? Parece que hemos evolucionado a una sociedad mucho más tolerante con respecto a este tema, y el papel de la mujer está logrando, poco a poco, alcanzar el nivel del que han tenido siempre los hombres; esto es un hecho cada vez más evidente. No obstante, esto no es así a nivel psicológico, pues aún arrastramos ideas y prejuicios que han sido considerados como válidos durante siglos y siglos. De hecho, aún hay casos de hombres y mujeres que, desempeñando el mismo trabajo, no cobran el mismo salario -en beneficio de los primeros-, y esto es sólo un ejemplo. Se desprecian -consciente o inconscientemente- determinadas formas de actuar cuando el agente de dichas acciones es el género femenino, mientras que éstas son, incluso, premiadas si las lleva a cabo el género masculino; hay ciertos adjetivos que pueden variar muy notablemente su matiz dependiendo del sexo al que se refieran... Y aún hay muchos países en los que ni siquiera se suscita la polémica, ya que se toma como algo natural el sometimiento de la mujer al hombre, y esto es algo que me preocupa bastante.

No obstante, debemos evitar las luchas absurdas de sexo con las habituales argumentaciones de que un género es mejor que el opuesto, pues esto no es así. Lo ideal sería encontrar una igualdad en cuanto a derechos, deberes y reconocimiento social, pero teniendo siempre claro que somos esencialmente diferentes - y no por ello, "mejores" o "peores"-, pues nuestras estructuras mentales son - a pesar de que muchos pretendan afirmar lo contrario- distintas. Y esto debe ser fuente de enriquecimiento de unos y otras en las relaciones, y no un pretexto para discutir. ¡Por favor, si hay cosas mucho más interesantes por las que pelear!