Hoy en día, se suele primar lo útil, es decir, lo que tiene una finalidad en concreto. Por eso, están tan bien reconocidos los médicos, los ingenieros o los arquitectos, pues exigimos gente que pueda diagnosticar nuestras enfermedades y curarlas, que construyan puentes y aviones y que diseñen los planos de los futuros edificios. Y es normal, ya que la sociedad en la que vivimos lo exige. Hemos llegado a un nivel de confort y bienestar en el que hemos convertido todo esto en algo necesario. Conocemos cosas de las que, seguramente, sería difícil deshacernos, por mucho que nos empeñemos en afirmar lo contrario. Imaginémonos por un momento cómo sería nuestra vida sin coches para podernos desplazar. En una ciudad pequeña, esto no sería ningún drama, pero, ¿qué pasaría si viviéramos en Madrid, Roma o Nueva York? Tardaríamos una eternidad en ir a trabajar todos los días. Y eso es sólo un ejemplo. Si miramos a nuestro alrededor, nos daremos cuenta de que ya muchísimas cosas dependen de la tecnología, y que cada vez hay más pijadas en nuestra vida diaria.
Lo cierto es que todas estas innovaciones no son estrictamente necesarias, pues se ha podido vivir perfectamente durante miles de años sin ellas. Pero, sinceramente, no me voy a poner ahora a criticarlas, ya que estaría siendo un poco hipócrita. Me gusta tener un ordenador, un móvil y un MP3, para qué vamos a negarlo. Seguramente, si no hubiera sabido de su existencia, no los habría echado de menos, porque es totalmente imposible añorar algo que no se conoce. Y si ahora me los quitaran, estaría algo incómoda durante algún tiempo, pero lo más probable es que me acabara acostumbrando a ello, pues hay cosas mucho más importantes que esas nimiedades, que, por muy sofisticadas que sean, no dejan de ser eso.
Ahora bien, ¿qué ocurre con todas esas profesiones que no tienen una finalidad tan pragmática? ¿Por qué los músicos, los pintores o los cineastas, por ejemplo, no tienen un reconocimiento tan patente como el de los profesionales citados anteriormente? Es cierto que queremos barcos y casas, pero, ¿no necesitamos, además, otro tipo de cosas?
Dicen que estudiar una ingeniería es muy difícil. No lo niego; seguramente, sea así. No puedo saberlo, ya que nunca he hecho ninguna. Pero, por lo poco que sé de música -y aquí no va ninguna ironía-, he comprendido que es una actividad que requiere un perfeccionismo y un cuidado especiales, aunque luego eso, en general, no se tenga muy en cuenta. Hay que estar atento tanto al conjunto como a cada pequeño detalle, lo cual no es, precisamente, tarea fácil. Pero no, claro, el músico sólo sirve para entretener al público. Es, por tanto, mucho menos importante.
Creo que el problema radica en que no nos han sabido acostumbrar a escuchar, que no es lo mismo que oír. Y como ocurre con casi todo, la música tiene un aprendizaje. Seguramente, hace seis años me hubiera sorprendido al saber cuánto me iba a gustar después la ópera. Posiblemente, hasta me hubiera reído de mí misma. Y ahora, es una de las cosas que más me llenan. Lo que son las cosas, ¿no? O, por ejemplo, hoy por hoy no sé escuchar música contemporánea, pues aún no he aprendido. No obstante, no descarto el hecho de que, dentro de unos años, disfrute al hacerlo. Tiempo al tiempo.
Y, pese a todo, puedo afirmar que podría vivir sin todas esas innovaciones tecnológicas que he nombrado anteriormente: móviles de la última generación, GPS, cámaras de fotos, etc. No me gustaría en un principio, de acuerdo, pero me acabaría adaptando a la situación. Pero afirmo, y pongo la mano en el fuego, que me sería totalmente imposible imaginar cómo vivir sin poder tocar o escuchar música. Así que me gustaría expresar mi más sincera admiración por los músicos y otros profesionales de este tipo, como pintores o escritores, pues ellos son, al menos, tan importantes y necesarios como los economistas, ingenieros, periodistas, médicos o veterinarios.
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Interesante artículo. Estoy totalmente de acuerdo: sin el arte no se podría vivir. Si yo no pudiera pintar estaría bastante estresada e incluso deprimida. Ya me ha pasado que, como este año no tengo Plástica, he estado frustrada por no poder dibujar tanto como solía hacer.
ResponderEliminarSin embargo, discrepo en esta opinión: "Seguramente, si no hubiera sabido de su existencia, no los habría echado de menos, porque es totalmente imposible añorar algo que no se conoce". Mmm... depende. No sé si esto estaría dentro de lo que describes, pero piensa en Tolkien. La Tierra Media no existe, pero se la inventó por completo. No puedo afirmar que fuera porque la echara de menos porque no soy él, pero todas las historias, las leyendas, los paisajes, etc. que yo me imagino, en muchos casos, las añoro. ¡Cuánto me gustaría poder pasar un par de horas en el Estado Independiente, dibujando o escribiendo o, simplemente, escuchando música en el centro de una de las ruinas! Lo que daría por poder viajar a Sirenaica.
En resumen, creo que, si no echáramos de menos algunas cosas que no existen, no habría invenciones y, por tanto, no habría desarrollo, aunque en la mayor parte de los casos ocurre lo que tú has dicho.
Se puede vivir sin todas esas comodidades. El móvil lo cambias por unos gritos o unos paseos, la tele por una lumbre, y el ordenador por unos amigos y una raqueta. Tampoco lo voi a asegurar pero yo paso 3 meses al año así y se vive bastante igual ejejej.
ResponderEliminarRespecto al tópico principal, creo que a los artistas se los considera bastante bien. Eso sí, está claro que para que te consideren bien debes ser bueno jejeje. Por eso creo que la gente que se dedica al arte lo hace por que les gusta, no porque quieran ganar dinero como tal vez suceda con las otras profesiones.
Pues eso, que básicamente si la gente necesita arte habrá artistas, si necesitan puentes habrá ingenieros. Esta es la razón por la que creo que a un artista le gustaría mucho más leer un post así, en el que queda claro que la poca o mucha gente que los siga lo hará de pleno; que lamer el culo a el jefe para ganar más dinero.
Al fin y al cabo todo son gustos.
No termino de estar de acuerdo con lo que dices. Ya centrándonos en aquéllos que son buenos y que han trabajado mucho, a los artistas no se les reconoce tan bien como se debería. Hoy en día, ¿quién tiene más caché, un médico o un músico, por ejemplo? Esto se puede ver desde dos puntos de vista: el laboral y el social.
ResponderEliminar-Desde el punto de vista laboral, probablemente el médico tendrá un puesto de trabajo en cuanto salga de la facultad, y el músico lo tendrá, en la mayoría de los casos, mucho más difícil.
-Desde el punto de vista social, y ésta es la principal causa de la diferencia entre un trabajo y otro, en España hay, en general, menos cultura musical que en otros países de Europa. Esto conlleva a una menor demanda de conciertos, que, por su escasez, no obliga a mantener los niveles de alta calidad exigible en estos casos. Y esto es lo que más me preocupa. Ya la gente no necesita tanto a los artistas porque no ha aprendido a apreciarlos.
Desgraciadamente, también hay muchos que se dedican a estas profesiones que "lamen el culo al jefe", como tú dices. Como en todos los ámbitos, hay mucho enchufismo. Yo creo que esto ya no sólo depende de la profesión, sino de cada caso individual.
El escaso valor social del arte es la consecuencia de su estatuto de mero adorno. No otra cosa es lo que ve en él y espera de él la inmensa mayoría de la gente, y eso desde hace ya unos cuantos siglos. Que tú experimentes lo contrario no deja de ser un acontecimiento completamente marginal. Puentes, coches y móviles son, sin embargo, ---para esa misma mayoría--- herramientas imprescindibles sin las cuales la vida actual no es concebible.
ResponderEliminarDel arte como adorno se ha hablado mucho. Pienso, por ejemplo, en la introducción del libro de Harnoncourt, La música como discurso sonoro, un buen modo de acercarse sin excesos eruditos a la forma en que un músico de hoy percibe el problema.
Otra causa profunda se puede encontrar también en la disociación, característica de la cultura occidental, entre la mano y la mente, o, si se quiere decir más fino, en la inevitable distinción que, artificialmente, se establece entre animal laborans y homo faber. A esta disociación va unido el encumbramiento de lo teórico en detrimento de lo artesanal. Se valora al ingeniero o al arquitecto, pero no al operario o al artesano, sin el cual los diseños de los anteriores serían puros devaneos mentales. Sobre este punto es muy esclarecedor el estupendo libro, recién traducido y publicado en España de R. Sennet, El artesano.
A todo ello se suma, por supuesto, la ignorancia de lo que significa producir una obra artística (y de la artesanía que todo arte real implica), de la cantidad enorme de dedicación que exige, sin contar con el número de facultades humanas que obliga a poner en juego.
En España, donde la cultura tiene tan poco que decir, el problema se agrava. Pero no hay que hacerse ilusiones. España, en esto, como en tantas otras cosas, no hace más que seguir la corriente dominante, si bien de un modo especialmente primitivo y tosco, como corresponde a su inveterado subdesarrollo cultural.
Sigue con tu blog. Lo leo con frecuencia :-)
Saludos.
Gracias por tu comentario ;-)
ResponderEliminarEstoy de acuerdo con lo que dices. Estoy pensando en volver a leer el libro de Harnoncourt. Seguro que después de dos años, la interpretación que le daré será distinta.