viernes, 3 de abril de 2009

Ensayo sobre la ceguera

Un atasco. El semáforo está en rojo. De repente, uno de los conductores deja de ver el mundo en el que se encuentra: se ha quedado ciego. Pero no se trata de una ceguera normal. En vez de estar sumido en la oscuridad, el personaje sólo puede observar un color blanco lechoso y resplandeciente. A partir de este momento, todo el que tiene contacto con él participa del mismo incidente. Y así, poco a poco, la enfermedad se va extendiendo masivamente.

Ante tan difícil situación, el Gobierno decide que a todos los infectados se los va a encerrar en un manicomio con el fin de que esta ceguera, alarmante y desconocida, no se propague más. Al fin y al cabo, "si el perro muere, se acabó la rabia". Y, aunque los contagiados son vigilados desde fuera por unos soldados y reciben comida tres veces al día, el Estado se desentiende de todo lo que tenga que ver con ellos, debido, sobre todo, al miedo que sienten. No les importa nada de lo que ocurra allí; cómo organizarse, cómo actuar ante casos más o menos graves, las injusticias internas que puedan cometerse, todo eso, queda en manos de los mismos ciegos.

Cuando son pocos, se puede decir que hay algo de orden en el edificio. Pero a medida que va llegando gente y más gente, todo se desmorona: la falta de higiene, la podredumbre, la animalización progresiva de los que se encuentran en el establecimiento, la pérdida de esperanza... van aumentando cada vez más. Sin embargo, dentro de este caos, hay una persona que aún puede ver: la mujer del médico, que ha entrado en el manicomio por voluntad propia para no tener que separarse de su marido. Manteniendo en secreto su capacidad, va ayudando a los que conviven con ella en la medida de sus posibilidades.

Pero llega un momento en el que un grupo reducido de personas se hace con el poder, simplemente por el hecho de poseer una pistola, lo cual infunde el pánico necesario como para que nadie se enfrente a ellos. Se adueñan de toda la comida que va llegando, que no es abundante, y hacen pagar a todo aquél que quiera alimentarse: primero, con bienes materiales; después, con mujeres para violarlas. Y aquí el miedo, la angustia y la desesperación se acentúan más, si es que esto era posible. Se ve una pérdida de las cualidades humanas que conocíamos, la falta de pudor, la eliminación de la privacidad en todos los aspectos. Y, al fin, consiguen salir de ese infierno cuando descubren que ya no hay guardias que los vigilan, pues ellos también se han quedado ciegos.

Ya fuera, se dan cuenta de que, realmente, ese infierno no ha hecho más que empezar. Todos andando sin rumbo buscando comida impacientemente y un lugar donde cobijarse, pues no son capaces de reconocer el camino de vuelta a casa; la ciudad irreconocible debido al gran desorden, cada vez más notable, a la que está sometida; los supermercados y demás tiendas de comestibles son asaltados hasta que se acaban las providencias; el egoísmo individual de todos los que están en ella, ya que sólo se preocupan por llenar su propio estómago; la falta de cualquier sentido vital para los ciegos... La Humanidad está ciega.

Y, súbitamente, se acaba la desgracia. "¡Veo! ¡Veo! ¡Puedo ver!", gritan con euforia todos los que van recuperando la capacidad de visión. Y cuando, al fin, el mundo está curado, la mujer del médico, la única que pudo ver el horror en el que estuvo viviendo, la única que fue capaz de guiar y cuidar al grupo con el que iba, no sólo por tener un sentido más, sino también por su admirable fuerza de voluntad, la única que cargó realmente con la responsabilidad de lo que estaba pasando, se queda ciega. "Ahora me toca a mí", pensó.

Creo que lo que pretende Saramago es darnos una lección sobre cómo somos realmente: por muchas ilusiones que pretendamos hacernos y por muy civilizada que parezca la sociedad, no somos más que simples animales que se guían por el instinto de supervivencia; que en vez de ayudarse mutuamente y organizarse razonablemente, priman la codicia y el egoísmo sobre todo lo demás; que no saben mirar más allá del presente, pues sólo buscan un bienestar puntual y momentáneo; que, por miedo, dejan que los fuertes se aprovechen de los más débiles en vez de intentar cambiar la situación; que no se conocen a sí mismos hasta que no llegan a una situación límite.

Una de las últimas frases del libro es muy simbólica. "Creo que no nos quedamos ciegos, creo que estamos ciegos, Ciegos que ven, Ciegos que, viendo, no ven". No somos conscientes de lo que nos rodea, no queremos darnos cuenta de lo que es evidente, nos desentendemos de todo lo que, en mayor o menor medida, nos afecta. Estamos saturados de información, y hemos llegado al punto de no poder ver nada. Quizá por eso sea blanca, y no negra, la ceguera en la que están sumidos los personajes de la historia.

Ni una vez aparece el nombre de ningún personaje. Simplemente, se los reconoce por alguna de sus características físicas o personales significativas. El primer ciego, su mujer, el médico, su mujer, el viejo de la venda negra, la chica de las gafas oscuras, el niño estrábico, son algunos ejemplos. Nadie se interesa por saber la identidad de los demás. ¿Para qué? Son, tan solo, compañeros de la misma desgracia, y con eso basta y sobra.

No obstante, no todo es de color negro. Desde un primer momento, la chica de las gafas oscuras se comporta con el niño estrábico como si fuera su madre, ya que siente un deseo de protección y compasión hacia él que hace que, muchas veces, se preocupe más por éste que de sus propias necesidades. O esta misma chica, pese a haberse llevado mal, aparentemente, con sus padres en otra época, siente una sincera aflicción cuando, al salir del manicomio, descubre que, muy posiblemente, no los pueda volver a ver nunca más. Y lo más importante es la generosidad con la que la mujer del médico se ocupa de todos aquéllos que están en una situación inferior a ella buscándoles comida, guiándolos para que no se pierdan o, simplemente, lavándolos. Esto nos enseña que los buenos sentimientos existen realmente, y que no son fruto ni de la hipocresía ni de una ilusión.

Hay una escena que me ha llamado la atención, pues me parece bastante representativa: cuando la mujer del médico entra en una iglesia, al final, y ve que todas las figuras de la Virgen, los santos y los ángeles tienen los ojos vendados. Creo que significa que Dios ha muerto, o, de manera más precisa, que Dios está ciego también, por lo que estamos solos en el mundo sin un guía que nos oriente.

También critica los prejuicios a los que estamos sometidos en la vida diaria. La chica de las gafas oscuras, la más guapa de todo el manicomio, aquélla que podría optar por cualquiera, se interesa, por raro que parezca, por el viejo de la venda negra. Seguramente, esto no hubiera ocurrido antes, cuando nadie estaba ciego. Y es cierto. Muchas veces, juzgamos conociendo las cosas muy superficialmente y nos cerramos a probar lo que desconocemos basándonos para ello en simples apariencias.

Pero no entiendo el final. ¿Por qué todos empiezan a ver? Me parece poco creíble en relación a como se había desarrollado la novela hasta ese momento. Es decir, tiene un tono desesperanzado durante todo el tiempo, y, de repente, llega la salvación. Y sólo entonces, la mujer del médico se queda ciega. Si se supone que ella era la única que se había salvado por tener un humanismo del que los demás carecían, ¿por qué le toca ahora el castigo? A lo mejor -pero posiblemente esté equivocada-, significa que ella está a un nivel de percepción distinto al del resto del mundo y, en realidad, nunca podrán intuir la realidad de la misma manera. ¿Y cuál es el procedimiento verdadero? No lo sabemos, pues cuando unos están ciegos, la otra no lo está, y viceversa. O, a lo mejor, el autor quiere expresar que, normalmente, se considera que lo que está bien es lo que hace todo el mundo, y quien piensa o actúa de manera diferente es porque está "ciego". Creemos que, en última instancia, la verdad absoluta la posee la mayoría. Y qué equivocados estamos.

En cuanto al estilo, al principio me extrañó un poco la manera de escribir de Saramago. No utiliza puntos y aparte, y todas las conversaciones van seguidas. Cada vez que alguien nuevo habla, se escribe una mayúscula, y no diferenciamos el estilo directo del indirecto. En mi opinión, esto hace que la lectura sea más fluida, ya que, de este modo, no se pierde el hilo de lo que se está contando. Me gusta además el hecho de que la mujer del médico pueda ver, porque la historia está narrada desde su punto de vista. Si la contáramos desde la visión de un ciego -valga la contradicción-, sería mucho más subjetiva, y, por lo tanto, resultaría más difícil criticar la naturaleza humana, pues para ello hay que adoptar cierta frialdad y distanciamiento.

En general, es una novela que me ha aportado mucho, ya que ha hecho que me haya dado cuenta de muchas cosas. No sólo del mensaje comentado anteriormente, sino también de la suerte que tenemos al vivir como lo hacemos hoy en día. Debemos aprovechar todo lo que tenemos, pues nunca sabemos cuándo aquello que damos por nuestro dejará de pertenecernos.

Y como fallo -que alguno tenía que haber-, apuntar que a veces resulta un poco repetitivo el argumento, ya que los personajes están continuamente lamentándose de su situación, buscando comida y comportándose brutalmente con los que se supone que son sus compañeros. Quizá, el autor haya querido prolongarlo para aumentar la angustia del lector. No lo sé. Pero se puede decir que es un libro que ha merecido la pena.

10 comentarios:

  1. Interesante...
    El final...Cuando todos empiezan a ver, y la mujer del médico se queda ciega, muy posiblemente sea por eso que dices, que se cree que la verdad absoluta la posee la mayoría. También puede ser una crítica a la sociedad, porque siempre tiene que haber alguien en desacuerdo con los demás, sea por intereses políticos, económicos, o incluso personales...
    Por ejemplo, habitualmente si "alguien" se lleva mal con "otro". "Otro" defiende una "teoría" y "alguien" no está deacuerdo...si "alguien" cambia de opinión y empieza a defender esa "teoría", "otro", por orgullo de no estar deacuerdo con "alguien", cambiara de opinión. No se si me he explicado bien, pero tal vez Saramago critica eso.

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  2. Puede ser. Ya sabes, estas cosas suelen admitir varias interpretaciones. Pero, de todas formas, no creo que llegue a ser por orgullo, es decir, llevar la contraria porque sí. Porque puedes decir que no compartes una opinión por vanidad (cosa que no puedo entender), pero, si en el fondo estás de acuerdo, verás la realidad igual que "Alguien", aunque seas "Otro". Aquí no importa lo que digamos, sino lo que pensemos. Y no creo que se pueda cambiar de opinión sólo por orgullo, porque si no te dan una buena razón para ello...

    Además, a la mujer del médico siempre le hubiera gustado ser como era la mayoría. Ojalá hubiera tenido la misma opinión que "Alguien", aun siendo "Otro" (o al revés). Le resultaba verdaderamente difícil ver el horror humano tal cual era, sin tapujos. Ella era diferente, y aunque eso pudiera parecerles a muchos una virtud, a la mujer del médico le parecía un sacrificio. Quería ser ciega, al igual que los demás, y perderse en la masa. Pero, en el fondo, no podía. Estaba condenada a cargar con todo.

    No sé, esto es sólo mi opinión, pero quién sabe qué era lo que quería decir Saramago realmente. No sabes lo que me gustaría poder hablar con él en persona (como soñar es gratis...)

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  3. Bueno, un claro ejemplo de eso son los políticos...Sino preguntalos que es mejor, si llevar la contraria al otro cuando antes han defendido eso mismo a muerte...o llegar a un acuerdo en el que todo el mundo salga beneficiado...Todo el mundo es un mundo.

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  4. Sí, eso es muy cierto, a los políticos les encanta llevarse la contraria entre sí. Así ha sido siempre, y supongo que así seguirá siendo, por desgracia.

    Pero no me estoy refiriendo a eso. ¿Cómo podemos saber lo que piensan en realidad esos políticos de los que hablamos? Ya no a nivel social (es decir, lo que dicen a los demás), sino a nivel personal (lo que se dicen a sí mismos). Creo que cuando alguien se queda "ciego", es por algo que le ocurre interiormente, no por sus actos, que, en realidad, tienen menos importancia.

    Entiendo lo que me quieres decir, y en parte, como te he dicho antes, comparto tu opinión.

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  5. Mmm... Me parece un libro muy curioso, aunque me da muy mal rollo este género, ya lo sabes xD Lo de la mujer del médico que se queda ciega, según mi opinión, pueden ser varias cosas:

    ·1ª-> Que Saramago quisiera representar la injusticia que hay en el Mundo: la única o de las pocas personas que realmente se merecía ver, cuando puede compartir su capacidad con la de los demás, se queda ciega (esto fue lo primero que pense).

    ·2ª-> Como has dicho en un comentario que ella quería ser ciega, podría querer mostrar todo lo contrario: después de todos los malos tragos que tuvo que pasar consigue lo que deseaba (aunque sería un poco cruel, la verdad).

    ·3ª-> También cabe una posibilidad de que sea lo que dice Sergio: siempre hay alguien distinto a los demas. Quizá quisiera expresar la distinta visión de las cosas, como has dicho tú misma...

    ·4ª-> Que la gente se cree que lo que piensa la mayoría de las personas es lo correcto: en muchos casos esto puede cumplirse, pero hay otros (algunas veces obvios) en los que esto se contradice.

    ·5ª-> Que Saramago estuviera como una cabra lapina xD

    ¿Quién sabe? Sólo podemos hacer conjeturas y aprender de ello...

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  6. Creo que, de todas, me decanto por la quinta razón. Cada vez estoy más convencida, xD.

    Bueno, ahora en serio: puede ser cualquiera de esas suposiciones. Todas tienen sentido. Como tú dices, ¿quién sabe?

    Por cierto, hoy hablando con una amiga sobre el tema, me ha hecho ver algo de lo que antes no me había dado cuenta. Ella interpreta que la ceguera está relacionada con el nivel de conocimientos de cada uno. Así, al principio, el libro representa cómo es la situación en realidad: todos están ciegos, es decir, no saben absolutamente nada. La única que tiene una sabiduría mayor es la que, en efecto, puede ver. Al final, Saramago le da la vuelta a la tortilla y cuenta cómo piensan realmente los personajes: todos se creen que ven, pues no son conscientes de lo que aún les queda por saber. Y la mujer del médico piensa que es una ignorante y, por tanto, está ciega. La frase "sólo sé que no sé nada" resume perfectamente todo esto. No obstante, creo que Saramago está haciendo una crítica más social, y que la "ceguera" está más relacionada con la relación que tenemos unos con los otros. Si no, no creo que se hubiera parado a describir la crueldad y el salvajismo con tanto detalle. Además, a la protagonista se la presenta al principio como la típica mujer de clase media no excesivamente culta que se limita a hacer su trabajo y a preocuparse por las personas de su entorno (en este caso, el marido). De todas formas, me parece una deducción realmente bonita, y, a lo mejor, los tiros van también por ahí.

    En serio, cada vez tengo más ganas de hablar personalmente con Saramago (como si eso pudiera ocurrir algún día...)

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  7. Podría ser, la verdad. De todas formas, no siempre la sabiduría es lo mismo que cultura. Puede que una persona sea muy culta y luego no sea sabia... A ver si me explico: la sabiduría, según entiendo yo, es la capacidad de saber escoger lo más correcto, mientras que la cultura es el conocimiento de diversos campos de la vida, ya sea Arte, Historia, Lengua... Una persona puede ser sabia, es decir, alguien que sepa qué hacer en cada situación para superarla de la mejor forma posible, pero ser una completa inculta, o sea, alguien que no conoce nada de Arte o de Historia o de lo que sea.

    También podrían estar vinculados los lazos interpersonales con la sabiduría...

    No te preocupes. Yo tengo muchas ganas de hablar con Michael Ende sobre sus metáforas de La Historia Interminable, pero claro... xD

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  8. Nueva duda: ¿la mujer del médico se queda ciega o no?

    Escribo exactamente lo que pone al final del libro:

    "La mujer del médico se levantó, se acercó a la ventana. Miró hacia abajo, a la calle cubierta de basura, a las personas que gritaban y cantaban. Luego alzó la cabeza al cielo y lo vio todo blanco, Ahora me toca a mí, pensó. El miedo súbito le hizo bajar los ojos. La ciudad aún estaba allí."

    Hay dos interpretaciones:

    1. La mujer del médico se quedó ciega realmente, y todos consiguieron lo que querían. Y aunque ella no pudiera verla, la ciudad aún seguía allí. Es como una manera de decir: "la vida sigue, y una sola persona no es tan importante como para impedir eso".

    2. La mujer del médico pierde la vista por un momento, y se cree que se queda ciega. Pero en cuanto baja la vista, se da cuenta de que sólo ha sido una impresión momentánea. "La ciudad aún estaba allí" viene a decir que ella todavía podía verla tal cual era, pues no había perdido la capacidad de visión.

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  9. Es verdad eso que dices, Neddea. Cultura y sabiduría no han de ir estrechamente relacionadas, aunque muchas veces sí tengan mucho que ver.

    Creo que me voy a eternizar pensando en este libro. Por todos los lados salen muchas posibles interpretaciones...

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  10. Al final, la mujer del médico no se queda ciega cuando acaba la historia. Hace unos días terminé de leer el "Ensayo sobre la lucidez", que es una continuación del "Ensayo sobre la ceguera", y en ningún momento se hace referencia alguna a que dicha mujer no pueda ver. Así que la primera interpretación que he puesto antes es errónea, por lo que parece que hay que tomar como válida la segunda. (¡Ahora ya sí que entiendo el final de este libro!) xDDD

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