Ojo con esta novela del Premio Nobel portugués considerada, en cierto modo, como una continuación del famoso Ensayo sobre la ceguera. No es de extrañar, por tanto, que encontremos ciertos paralelismos entre ambas en muchos de sus aspectos. Pero ya hablaré de eso más tarde.
De momento, habrá que empezar por el principio. Y, curiosamente, el autor viene suscitando la polémica desde un primer momento. "Mal tiempo para votar". En la historia, estas palabras son pronunciadas de acuerdo a un contexto de lluvias tempestuosas que perturban la asistencia de los ciudadanos a las urnas pertinentes para ejercer su derecho a la libre elección de sus representantes. Pero, si extrapolamos esta manifestación a nuestra vida diaria, nos daremos cuenta de que el escritor se refiere a una realidad más general, y que lo que pretende realmente es mostrar su inconformismo con respecto al sistema político que reina en la gran mayoría de los países desarrollados: la democracia.
En una ciudad cualquiera de un país cualquiera, acaece un fenómeno inexplicable -a la par que alarmante- para la totalidad de los políticos que se encuentran gobernando en ese momento: más de las tres cuartas partes de la población ha decidido votar en blanco. Ante este problema, los líderes de esta singular localidad declaran un estado de sitio caracterizado por tener al enemigo dentro, y no fuera, de las lindes de la ciudad. No obstante, al ver que el plan no funciona, los "peces gordos" deciden ausentarse de la capital para que, en un período de tiempo indefinido, toda esa gente, ante el presentido caos insostenible reinante, confiese su imperdonable inmoralidad al no haber votado a ningún partido político en concreto.
De momento, no voy a decir nada más sobre la historia, pues nunca me ha gustado fastidiar a la gente con spoilers. A mí ya me lo han hecho en alguna que otra ocasión, y puedo asegurar que no es plato de buen gusto. Ahora, simplemente voy a hablar de diferentes aspectos de esta novela que, de una manera u otra, me han llamado la atención.
En primer lugar, vamos a centrarnos en lo más evidente, que es la crítica que hace Saramago a aquéllos situados en los más altos cargos de poder. Parece que se está riendo de ellos todo el tiempo, y ninguno se libra de aparecer "caricaturizado" o ridiculizado de alguna forma. En el libro, el primordial objetivo de los mismos suele consistir en intentar quedar -obsesivamente- por encima de todos los demás personajes "importantes" -digámoslo así-, pues lo que más les llena en el mundo es el reconocimiento de sus "grandes méritos". Se comportan de una manera muy maquiavélica, pues, para ellos, lo verdaderamente importante es el fin, y no los medios empleados para conseguir lo que desean en cada momento.
¿Qué más se critica? El miedo con el actúan a veces los seres humanos ante circunstancias adversas. Es decir, cuando los ministros ven que la mayoría de los ciudadanos han votado en blanco, deciden encerrarlos en la ciudad, evitando toda circulación de personas entre el interior y el exterior. Pero... ¡un momento! Creo que esto me suena de algo. ¿No hicieron lo mismo cuando confinaron en un manicomio a los primeros afectados por aquella misteriosa ceguera blanca? Aquí tenemos una manifiesta semejanza con el Ensayo sobre la ceguera.
Por otro lado, parece que a Saramago le gustan mucho las metáforas referidas a la visión y a la luz, a la ceguera y a la oscuridad. Ya vimos un claro ejemplo con el anterior libro, en el que mediante una alegoría trataba de hacernos ver que estamos ciegos del entendimiento, comparando los ojos de sus personajes con nuestra cocotera. Ahora tenemos la otra cara de la moneda, y, aunque los gobernantes sigan sin ver esa luz debido, sobre todo, a la corrupción que de ellos ha hecho el poder, los ciudadanos, al recuperar la visión tras haberse dado cuenta, en circunstancias límite, de lo que es verdaderamente importante y de lo que no, deciden manifestar que no están de acuerdo con las condiciones que acompañan a la democracia.
Fruto de estas distintas perspectivas es la diferencia de significados que otorga cada uno de los dos grupos a la realidad. Tras las dichosas elecciones, los ministros creen que los votos en blanco son la consecuencia de la demagogia de un conjunto de anarquistas o de extremistas radicales que buscan desestabilizar el poder, por lo que pretenden iniciar una revolución que se extienda nacional e internacionalmente. Y, como es de suponer, nada más lejos de la realidad. "Si votaron como votaron era porque estaban desilusionados y no encontraban otra manera de expresar de una vez por todas hasta dónde llegaba la desilusión, que podrían haber hecho una revolución, pero seguramente moriría mucha gente, y no querían eso".
En un momento dado de la historia, los poderosos políticos colocan una bomba en el metro de la ciudad al ver que el anhelado desorden interno tarda mucho en llegar, pues, en contra de sus expectativas, parece que los ciudadanos se organizan bastante bien, pese, claro está, a los problemas inevitables a los que tienen que hacer frente. Así que, tratando de acelerar las cosas en su propio beneficio, acusan a los votantes en blanco de tan aterradora acción alegando que es un medio para iniciar la revolución de la que antes hablábamos. Aquí, Saramago nos advierte de un mal del que no somos conscientes en su totalidad, pero que, inevitablemente, nos afecta a todos los que vivimos en este mundo tan hipócrita. Y es la manipulación de los hechos. Solamente sale a la luz aquello que les conviene a nuestros "titiriteros", y nosotros, sus manejables marionetas, no podemos hacer nada para evitarlo.
Esto me recuerda a una teoría que afirma que, en realidad, las Torres Gemelas no fueron derribadas por Bin Laden y por sus secuaces, sino por el mismísimo George W. Bush. Pero, ¿con qué finalidad? Muy sencillo. Mediante unos estudiados y eficaces métodos para manipular e impresionar a la sociedad, se trata de sembrar el miedo y el odio hacia algo externo -en este caso, hacia el terrorismo musulmán- para que, de esta forma, la gente vea a Bush como a su salvador y como al principal combatiente en la lucha contra los implacables terroristas. En realidad, de esto también se habla en 1984, donde Oceanía en su totalidad siente una verdadera repulsión ante Goldstein, un personaje imaginario que simboliza la insurrección contra el régimen, y donde se admira y venera al Gran Hermano de una manera hasta apasionada. De todas formas, ésta es tan solo una teoría más de las muchas que circulan sobre el tema, pues nunca llegaremos a saber a ciencia cierta qué ocurrió el 11 de septiembre de 2001, al igual que tampoco conoceremos la verdad sobre otros muchos hechos históricos importantes. Con respecto a este tema, es interesante un ensayo que el mismo Orwell escribió sobre la libertad de prensa, y que, además, sirve de introducción para su famosa obra Rebelión en la granja. Por otra parte, por si a alguien le interesa, el documental en el que se habla sobre lo anteriormente comentado se llama Zeitgeist, y se puede encontrar fácilmente en youtube.
Volviendo al tema principal, quiero terminar diciendo que me parece muy acertada la proposición que nos hace Saramago de votar en blanco en el caso de que no nos identifiquemos con ninguna de las propuestas políticas que se nos ofrecen. Actualmente, la democracia no tiene muy en cuenta los verdaderos intereses del pueblo, y, en cierto modo, a mí me parece que no tenemos otra opción que elegir a nuestros propios "dictadores", pues, cuando los elegidos acceden a los puestos de decisión, quedan embelesados por la fascinación que el poder ejerce inevitablemente sobre la gran mayoría de los seres humanos. Si se otorgaran escaños a los votos en blanco -representados como asientos vacíos en los congresos de los diputados-, al menos, los partidos políticos tendrían que esmerarse algo más en las posibles propuestas que pudieran ofrecer a los ciudadanos, y no perderían tanto tiempo en criticar a los representantes de ideologías contrarias como si fueran niños pequeños.
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Está muy bien tu escrito... ;-)
ResponderEliminarRespecto al tema de lo del 11-S, eso sí, de manera un poco más general porque trata la manipulación de la sociedad por determinados "organismos" y en base a intereses concretos (el 11-S aparece en algún capítulo, creo recordar), también puedes echarte un vistazo a este libro: "Nuestra incierta vida normal" de Luis Rojas Marcos (si quieres me lo pides :-P, se lee en dos "patadas").
Bueno, seguiré visitándote de vez en cuando, porque aparecen cosas interesantillas, jeje.
¡Muchas gracias!
ResponderEliminarTe pediré el libro entonces, porque ahora estoy muy viciada a estos temas, xDDD