Nos hallamos en el año 632 d.F ("después de Ford"). Pretendiendo representar nuestro futuro más inmediato, Aldous Huxley nos habla irónicamente de una sociedad perfecta, utópica, en la que nadie es infeliz, pues todos sus habitantes están fervientemente convencidos y orgullosos de lo que hacen, tanto en el ámbito laboral como en el lucrativo y social. Como es de suponer, el progreso científico-tecnológico goza de un auge cada vez mayor, así que las necesidades de la mayoría de los individuos están mucho más que cubiertas. Pero, ¿a qué precio?
En primer lugar, los niños no nacen en el seno de su madre, sino que, artificialmente, son incubados en unas inmensas salas de fecundación. Desde el principio, son divididos en distintas castas (Alfa, Beta, Gamma, Delta y Epsilon), siendo todos los pertenecientes a un mismo grupo iguales entre sí, tanto somática como psíquicamente. Se los condiciona de numerosas maneras para que su intelecto se desarrolle más o menos, dependiendo de la función futura que vayan a tener en la sociedad, de tal forma que los "alfas" ejercitarán aquellas tareas que requieran un mayor esfuerzo intelectual, mientras que los cometidos de los "epsilones" serán más físicos y materiales. Así que, en este mundo, todo individuo está predestinado desde el mismo momento de su nacimiento.
La hipnopedia juega un papel harto importante en esta organización. Noche tras noche, todos escuchan bajo su almohada frases alentadoras que hacen que queden, de una manera paulatina, convencidos de que son totalmente afortunados de pertenecer a su propia casta, y que serían unos desgraciados si formaran parte de cualquier otra. También se trata de inculcar una moral de conformismo y respeto hacia el gobierno con el fin de que no haya discrepancia alguna en un futuro próximo o lejano. Es importante no utilizar este procedimiento como un medio para ampliar los conocimientos de las personas, ya que, aparte de que no conviene que aprendan a pensar por sí mismas, el cerebro humano no está preparado para una actividad así en un estado de semi-inconsciencia.
Como en 1984, se eliminan conceptos tales como la amistad o el amor al prójimo. Todo el mundo puede practicar juegos sexuales desde la más tierna infancia (supongo que para evitar eso de lo que tanto Freud hablaba: que se reprimieran y, por tanto, vivieran frustrados). Eso siempre y cuando, claro está, no haya sentimientos de por medio. De este modo, no existe organización familiar alguna. Como he mencionado antes, la natalidad está completa y estrictamente controlada, así que nace exactamente el mismo número de personas que el estado cree oportuno en cada momento. Así, se evita que haya una desproporción entre población y recursos materiales, tema que, por cierto, a Huxley le preocupaba considerablemente cuando escribió el libro. Pensaba que un crecimiento tan rápido de la población sólo podía desembocar en dos cosas: o en una anarquía total y absoluta o en un totalitarismo caracterizado por un exceso de organización en el que los ricos aumenten cada vez más sus riquezas y los pobres tengan en sus manos cada vez menos (tengamos en cuenta que Un mundo feliz fue escrita en 1932).
Y si alguien se siente insatisfecho en algún momento con su vida o con el mundo, ¡no hay problema! El Soma es la solución. Se trata de una especie de droga que produce un placer y un bienestar muy intensos, y que consigue que desaparezcan todas las malas sensaciones en un instante. En realidad, es "el opio del pueblo". Es una sutil -pero, no por ello, poco eficaz- manera de callar a la gente. Sin embargo, si la cosa es más grave, se envía a todo aquel que no esté contento en la sociedad a una isla en la que ya sí pueda alcanzar la felicidad, pues allí se reunirá con los que son iguales a él en este aspecto. Además, así no se rompe la armonía de la que participa el resto del sistema.
Huxley también hablaba del arte de saber vender. Muy convencido, afirmaba que, para que un anuncio pueda convencer (y manipular) al mayor número posible de personas, ha de apelar, sobre todo, a los sentimientos y pasiones propias del ser humano más que a la misma razón. Lo más importante de los cosméticos de belleza, por ejemplo, no son los productos químicos que los forman, sino el simbolismo que tienen: la esperanza de mejorar el propio aspecto con el fin de resultar más atractivos al sexo opuesto (cosa que, por otra parte, me parece ridícula). Los coches se venden por el indudable prestigio que otorgan a sus dueños, y no por la comodidad, seguridad o calidad específica que tengan. ¿Es cierto o no?
En cierto modo, se podría decir que es un libro bastante parecido al 1984 de Orwell, ya que ambos describen el tipo de sociedad a la que podemos llegar como no se tome consciencia de la situación y se haga algo para evitarlo. Los dos describen la manipulación extrema a la que estamos diariamente sometidos, así como la suspicaz hipocresía que caracteriza a aquéllos que gobiernan. Pero, mientras 1984 se basa en la adquisición del poder utilizando como medios el miedo, el fanatismo (en este caso, hacia el Gran Hermano) y el castigo -posiblemente, tomando para ello el modelo del stalinismo, tal y como hizo en Rebelión en la granja-, Un mundo feliz emplea como premios para sus habitantes la comodidad, el progreso tecnológico y el bienestar, de tal forma que las personas se han convertido en unas esclavas de la ciencia, y no al revés, que es como debería ser. Si la gente está a gusto, no querrá cambiar, de ningún modo, la situación en la que se encuentra, así que no adoptarán una postura crítica hacia el mundo que los rodea.
Ahora bien, ¿cuál de estos dos libros se asemeja más a la realidad? Parece que, en el mundo occidental, Huxley ha tenido más aciertos que Orwell con sus vaticinios. Pero a mí me gustó y me impactó mucho más 1984 que Un mundo feliz.
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