viernes, 28 de agosto de 2009

El insaciable morbo del cotilleo

Hace un par de años -en realidad, algo menos-, mi profesor de Lengua y Literatura del instituto puso como tarea a la clase redactar un texto argumentativo de temática y extensión libre. Yo no me lo pensé dos veces.

Por aquel entonces, estaba muy de moda entre los alumnos una página web que tenía como finalidad principal informar con asiduidad -¡ya lo creo!- a todos los interesados de las vidas ajenas, sin importar en absoluto si lo que se decía era cierto o no, o si sólo lo era en parte. En otras palabras: se trataba de un noble espacio de alcahueteo sin fronteras en el que convergían todas aquellas almas sensibles que se preocupaban e implicaban en los males del prójimo, y en el que se exponían lo más objetivamente posible todos esos problemas con el fin de ayudar siempre que se pudiese. Cuantas más opiniones hubiera al respecto, mejor. Y, encima, ¡era gratis! En efecto: el famoso Tecuento. Y, según tengo entendido, el dichoso asunto tuvo bastante éxito en su momento, ya que numerosos estudiantes procedentes de diversos puntos de la Península estaban bastante al tanto de tan peculiar -y variopinta- asociación.

Cómo me gustaría recuperar, ahora que estoy evocando este asunto, el cuaderno en el que escribí una pequeña redacción -algo así como un folio por las dos caras, siendo mi letra bastante grande y teniendo yo la manía de dejar mucho espacio entre unos renglones y otros- sobre este tema. Recuerdo que, antes de leerlo en clase, se lo dejé a mis padres para que me dieran su opinión. Y, curiosamente, ambos estuvieron de acuerdo con su veredicto: "Elena, esto que has escrito puede llegar a resultar un poco ofensivo; yo que tú, lo suavizaría un poco, ahora que estás a tiempo". Pero a mí no me lo parecía en absoluto, así que no tuve en cuenta lo que me dijeron. En realidad, estaba cabreada con el mundo en general por sus tendencias sumamente indiscretas y morbosas, y yo quería plasmar mi sensación tal cual era, sin tapaderas de ningún tipo.

Según la manera en que lo escribí, parecía que yo era una víctima directa de esa página; que había sido ofendida debido a una serie de epítetos no demasiado aduladores dirigidos a mi persona; que, por culpa de mi más que exagerada sensibilidad, me había afectado en exceso la juiciosa opinión de algún que otro lúcido comentarista. Y, en realidad, ignoraba -y sigo haciéndolo- si ahí alguna vez se llegó a hablar de mí o no. De hecho, sólo entré un par de veces, y en seguida decidí no volver a pisar por aquel sitio, ya que nada de lo que leía me parecía significativo o interesante, por lo que opté por hacer otras cosas que, personalmente, me gustaban y llenaban mucho más. Quién sabe; lo mismo, me pusieron verde a la primera de cambio, o, a lo mejor, no era tan importante como para que apareciera mi nombre en una web de tan alta categoría. Sinceramente: no tengo ni idea. En cualquier caso, ¿qué más da?

Lo que yo sentía al respecto era una especie de repugnancia y aversión hacia tan sonada página, y veía como una solución al problema que se denunciara a la misma y que, por tanto, se eliminara por completo de la faz de la Tierra, como si jamás hubiera existido. Hoy veo las cosas de otra manera y, mientras antes se trataba de un aborrecimiento puro y duro, ahora sólo experimento hacia la web una simple antipatía e, incluso, una fría indiferencia, aunque esto último con ciertos matices. El hecho de que esa página estuviera activa o dejase de estarlo no tenía, en realidad, relevancia alguna, aunque a mí en ese momento me pareciera justamente lo contrario. Desengañémonos y pisemos tierra: desde el principio de los tiempos, siempre ha habido gente cotilla que se preocupa más de la vida de los demás que de la propia, y, concretamente, Tecuento no era el origen de un problema, sino una mera manifestación del mismo.

Como decía, la palabra más ilustrativa para describir mi percepción sobre esta falta de prudencia es antipatía. Me atrevería a tildar como un acto cobarde -y mezquino- el criticar a los demás sin que éstos sepan a ciencia cierta quién es el agente de tan polémicos vituperios, pues en Tecuento la gente se aferra al anonimato como al más valioso seguro de vida, cosa importante en una época tan violenta como la nuestra (¡hay que andarse con ojo!). Me parece poco elegante blasfemar contra todo sin aportar argumento alguno que sostenga, de alguna manera, la opinión propia; de todas formas, poco podemos esperar de aquéllos que gozan emitiendo críticas destructivas a razón de un millón por minuto sólo con la intención de hacer daño y, por tanto, ensalzar el propio orgullo. El poder permanecer de incógnito supone la principal diferencia entre el cotilleo-vía-internet y el morbo-de-tú-a-tú, en el que ya no hay más remedio que arriesgarse a dar la cara para ejercer el duro -¡y mal remunerado!- oficio de la hipocresía.

No obstante, ambos casos representan lo mismo en realidad, y creo que la solución -si es que puede llamarse así- consiste en no dejarse amilanar por las aseveraciones de ese tipo, lo cual no significa que nos creamos unos seres perfectos indignos de todo reproche de cualquier índole, pues eso conlleva que cerremos la mente hacia las críticas constructivas -generalmente, caracterizadas por las buenas intenciones- que puedan aportarnos aquéllos verdaderamente cercanos a nosotros. Pasemos, pues, de todas las afirmaciones dichas con mala uva y abramos nuestros sentidos para mejorarnos a nosotros mismos y ayudar también, en este ámbito, a la gente que realmente nos importa.

5 comentarios:

  1. ¡Yo quiero leer esa redacción! Además, son las primeras noticias que tengo de esa página... No me puedo creer lo que cuentas, ¿de verdad eso existió? ¿Qué ámbito abarcaba? ¡Por Dios! ¡Qué cosas de descubren! Jeje. Respecto al tema, el tema de verdad, no la página de cotilleos... Pienso que la mejor solución o la mejor actitud ante el ambiente "cotillil" y "sabelotodo" del personal (más acusado (o por lo menos mejor camuflado) en según qué entornos...) es la indiferencia porque, la atención que se genera alrededor de eso, sea de un tipo o de otro (me refiero a la própiamente interesada en el conocimiento profundo de la vida de los demás contrapuesta a la que critica esa actitud de manera documentada (primero se enteran de los cotilleos y luego los critican)) es lo que alimenta ese mundillo de cerebritos que desean saberlo todo, saber, saber, ¡Saber!... ¡Parece que comen de ello! Porque aquí el más "gordo" es el protagonista y al que todos veneran... En fin, creo que las personas que se preocupan tanto por estos asuntos en realidad tienen determinadas carencias en su propia vida que intentan subsanar con la de los demás, con el "morbillo" y con esa "sabiduría excelente" del que realmente está puesto al día.
    Vaya, y ahora, se me ocurre una pregunta..: ¿Existe un protocolo Universal para clasificar el Conocimiento en "aquel merecedor de estudio" y "aquel desechable e irrelevante"? ¿Cuál es? ¿Debería ser relativo o subjetivo? Entoces... ¡Justifiquemos y defendamos a los cotillas!

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  2. Se me olvidó firmar como "anónimo encubierto por mí"... :-p

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  3. A mí también me gustaría volver a leer esa redacción (aunque tampoco era gran cosa, xD), pero parece que, haciendo la limpieza de cuadernos que suelo hacer casi todos los años (más que nada para no acumular y acumular), lo tiré a la basura.

    Sí, maja: esa web sí que existió realmente, aunque, no sé por qué historias, la acabaron denunciando y fue eliminada. En la página principal aparecían todas las provincias españolas, y al elegir una en concreto podías acceder a la sección del instituto al que quisieras entrar en ese momento.

    Con respecto a tu pregunta (que, por cierto, me ha gustado mucho): yo creo que, en realidad, no existe un protocolo universal que establezca una frontera entre el saber digno de estudio y el desechable e irrelevante, como tú dices. Pienso que cada ser, individualmente, debe ponerse a sí mismo los límites que crea necesarios en función de sus intereses y circunstancias particulares. A lo mejor, a "X" le parece más relevante la información que pueda obtener de los demás, mientras que a "Y" le pueden interesar otras cosas muy diferentes, como las Matemáticas, la Historia o la Literatura (por ejemplo). De todas formas, no veo esto contradictorio con respecto a lo que he publicado en este post. Hablamos las dos de indiferencia, esa indiferencia que yo no quería adoptar hace dos años, y creo que ahí está la clave. La cosa no está en justificar y defender a los cotillas, sino en pasar olímpicamente de ellos, aunque, subjetivamente y como he escrito más arriba, nos parezca algo poco elegante. Y, como decían en El rey león: "Hakuna matata; vive y deja vivir".

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  4. Pienso, respecto a la pregunta del primer comentario, que no hay ninguna frontera, pero desde luego que los cotilleos presentan un pequeño detalle que los diferencia de la información realmente útil: la subjetividad. Muchas veces se inventan historias sobre determinada persona sólo para hacer daño, algo que realmente no podemos aprovechar (de verdad). En ocasiones es bueno conocer detalles de ciertas personas (sobre todo de artistas, ya que pueden influir en sus obras), pero los "rumores" de ese estilo no son para nada constructivos. Si la gente fuera mas objetiva, eso no ocurriría, seguramente.

    En cuanto al tema principal, también defiendo la posición "frívola" u "objetiva", aunque en realidad me afecte (cuando alguien dice cosas negativas sobre mi cuerpo, por ejemplo, se podría decir que me deprimo bastante, aunque quizá no lo refleje; eso sí, no me dedico a poner verde a aquella que me haya hecho daño, me guardo para mí mi propio malestar y así no molestar a nadie). Por lo general, si veo que mi comportamiento o lo criticado afecta a los demás (para mal, claramente), intento cambiarlo; ya conoces mi máxima, "mientras no haga daño al resto, haz lo que quieras". Sin embargo, si fuera, por ejemplo, que a alguien no le gusta mi corte de pelo, no lo cambiaría. Eso es algo que sólo me atañe a mí.

    Me alegra que hayas cambiado en ese aspecto. Eso sí, ten cuidado: no se debe adoptar una posición fría ante cualquier situación. Tampoco es conveniente ser completamente objetivo. En la mayoría de las situaciones el Arte nace de las visiones subjetivas de los autores, ¿no? El sentido común, por lo general, dirá cuándo es el momento correcto para una forma de actuar y cuándo no, supongo, pero recuérdalo.

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  5. Este blog está muy muerto!! Mira a ver si le das aireee (Fdo: Anónimo :-D)

    P.D: Prometo comentar, ser puntillosa, quisquillosa, picona, buscar las tres y las siete patas al gato y revolver las palabras unas con otras para picar y picar y picar, que me encanta!!

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